Por el cielo azul y por el aire puro que han hecho posible desde hace millones de años.

 

 

 

 

Por la tierra húmeda, fértil y rica, que hoja por hoja y rama por rama, se deposita y va formando pacientemente a sus pies.

 

 

 

 

Por ayudar a las nubes a formarse e invitarlas a descargar sus aguas en las cimas y faldas de las montañas.

 

 

 

 

Por llevar el agua de lluvia directo hasta las entrañas de la tierra de donde brota fresca y pura a través de las nacientes.

 

 

 

 

Por proteger y mantener firmes y estables las orillas de los ríos, lagos y canales; las cuencas, las playas, las bermas y los acantilados.

 

 

 

 

Por los millones de plantas y de animales que encontraron refugio y sustento sobre sus troncos y ramas.

 

 

 

 

Por todos los aportes a la civilización y culturas de todo el mundo desde sus albores, en la religión, las artes, los oficios, la alimentación, la educación, la industria, la medicina, la ciencia y la tecnología.

 

 

 

 

Por el éxtasis indescriptible que nos producen sus formas, la textura de sus cortezas, el color y aroma de sus flores, y el sabor de sus frutos y semillas.

 

 

 

 

Por la paz y la plenitud espiritual que son capaces de hacernos sentir en medio de tanta locura, materialismo, odio y violencia.

 

 

 

 

Por las ilusiones y las esperanzas que nos brindan aún cuando por nuestra edad o situación social, ya nadie nos da espacios ni oportunidades.

 

 

 

 

Por ese vínculo mágico y misterioso que nos une a ellos como si fuéramos de una misma familia.

 

 

 

 

Y también, por los miles de millones de ellos que han sido y serán sacrificados de manera absurda e irracional.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desde Costa Rica, con mucho orgullo para el mundo entero.

 

 

©Todos los Derechos Reservados
Prohibida la reproducción electrónica o impresa del presente documento en forma parcial o total.

mundoforestal@elmundoforestal.com