Myroxylon balsamum Familia botánica: LEGUMINOSAE (Papilionideae) Hoy vamos a presentar a un árbol tan magnífico como ignorado, un verdadero monumento a la injusticia y a la ingratitud hacia un recurso natural que durante un tiempo brindó valiosos bienes y servicios a nuestra sociedad, y que hoy no solamente yace en el más completo de los olvidos sino que corre un inminente peligro de extinción. Presentamos a un árbol del corazón de verdad prodigioso, que fue dotado por la Naturaleza con la virtud de sanar y de curar a las personas de muchas formas. Para todos ustedes desde Costa Rica con mucho orgullo para el conocimiento del mundo entero, el chirraco o bálsamo. |
¿DÓNDE
HAY ÁRBOLES DE CHIRRACO?
Este árbol posee un área de distribución bastante amplia en el continente
americano: desde el sur de México hasta la Amazonia brasileña y peruana, pasando
por todos los países de América Central. Ausente en las Antillas.
En
Costa Rica, se localiza solamente en las porciones central y sur de la Costa
Pacífica, desde los 100 hasta los 1200 metros de elevación más o menos. A pesar
de su amplio rango de distribución, hoy día ya es un árbol sumamente escaso y
muy difícil de encontrar en nuestro territorio nacional.
Sin embargo, todas aquellas personas que deseen conocer de cerca árboles
de chirraco, podrán encontrar muy fácil y rápidamente varios individuos adultos
en los senderos del Centro de Conservación de Santa Ana (CCSA), ubicado en el centro de
la ciudad del mismo nombre, a solamente 30 minutos de la ciudad de
San José.
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APRENDAMOS A RECONOCER AL CHIRRACO.
Otrora uno de los
árboles más grandes, comunes y representativos de los extensos bosques que una vez poblaron
el Valle o Meseta Central de Costa Rica, el chirraco es hoy día un árbol casi imposible
de ver a menos de que se cuente con una guía adecuada.
Los
árboles adultos y remanentes de chirraco pueden llegar a ser muy
grandes y corpulentos, de hasta 40 metros de altura y probablemente más, de copa por lo general anormalmente pequeña y
estrecha con relación a la altura total del árbol.
El tronco es
grueso y perfectamente cilíndrico, con una marcada y notable tendencia a
desarrollarse recto y no se ramifica sino hasta muchos metros por encima del
suelo. No son raros los individuos con más de 1 metro de diámetro en la base
del tronco.
En la fotografía de la izquierda podemos ver a nuestro buen amigo
Misael
Vargas en medio de dos enormes troncos de chirraco que nacieron
y crecieron juntos en el corazón de un magnífico remanente de los bosques que
cubrieron el Valle Central de Costa Rica, el cual se encuentra
actualmente bajo la protección de la Universidad para
La Paz, en El Rodeo de Mora.
Bueno,
y si el amigo o amiga lectora cree que podría tener alguna dificultad para
reconocer a este árbol en el campo, la corteza le será de mucha ayuda,
pues es lo más parecido que hay a la piel de un sapo.
Efectivamente, la
corteza del chirraco se caracteriza por estar totalmente cubierta de grandes
lenticelas con la apariencia de verrugas, que se juntan para formar hileras
verticales muy juntas.
Debemos confesar que la corteza en realidad es de color
gris claro, pero en la imagen de la izquierda se ve de color verde porque
deliberadamente fotografiamos un sector del tronco cubierto con musgo para hacer más dramática
la semejanza con la piel del pobre sapo.
¡Nos encanta jugar con
la percepción del lector para que comprenda y recuerde bien todo lo que
decimos!
Las hojas del
chirraco son pinadamente compuestas y alternas, de tamaño mediano de 10 a 15
cm de largo, con 7 a 15 folíolos alternos a lo largo de un raquis delgado, el
cual tiene una notable forma de zig-zag.
Los folíolos son especialmente notables por su color verde lustroso y por láminas con los bordes
marcadamente undados o sea, con curvas u ondas como una lámina corrugada
para techo.
Además, los folíolos
son pelúcido-punteados, lo cual significa que si se observan con una lupa o
lente de aumento a contraluz, veremos entre los espacios que delimitan los
nervios, una serie de puntos y rayas transparente o translúcidos, formados por
diminutas gotas de aceite esencial en los tejidos foliares.
Las flores del
chirraco son pequeñas, con 5 pétalos, 4 de ellos muy pequeños y casi
imperceptibles, pero con el quinto y superior conocido como velamen o vexilo,
grande y de forma redonda, de color blanco con tonalidades amarillas y verde
claro en su porción central. Cada flor con muchos estambres con muy llamativas
anteras amarillas y grandes cargadas de polen.
Las flores poseen un
aroma dulce, y se desarrollan a lo largo de unas inflorescencias o ramos
erectos de hasta 20 centímetros de largo.
Una
vez polinizadas las flores, aparecen los
frutos los cuales son de verdad extraños. A pesar de tratarse de un árbol de la
gran familia de las plantas Leguminosas del cual todo el mundo esperaría que
sus frutos fueran legumbres, vainicas, vainas o algo similar, el hecho es que
no es así.
Cada fruto más bien
parece una especie de abrecartas o cuchillo paleolítico, compuesto de una
estructura hueca y redondeada en donde se aloja una sola semilla, y de un ala
larga, membranosa y aerodinámica con la función de hacer que el fruto caiga de
la copa girando rápidamente como un helicóptero. Si hay viento, este
movimiento giratorio permite al fruto flotar a muchos metros lejos del árbol
madre.
La semilla
contenida dentro del fruto es un frijol grande y de color café, que se
encuentra prácticamente fundida a los tejidos del fruto por lo que resulta
casi imposible extraerla sin romperse. Además, la semilla se encuentra
totalmente cubierta por una resina espesa y pegajosa, de olor y de sabor muy
penetrantes, que dificultan aún más la extracción de la semilla intacta.
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LA SAVIA DEL CHIRRACO.
Hemos dedicado un
capítulo aparte e independiente a la savia del árbol de chirraco, porque de
verdad así lo amerita.
Mencionamos al inicio de este capítulo que el
chirraco es un árbol dotado de amplia propiedades medicinales y curativas, las
cuales se concentran en su savia elaborada, conocida mundialmente con los
nombres de bálsamo, bálsamo del Perú, bálsamo de Tolú, estoraque,
bálsamo de El Salvador, o simplemente
tolú.
Sin
temor a equivocarnos, podemos asegurar que este bálsamo es una de las
sustancias medicinales de origen forestal más famosas del continente
americano, y ampliamente utilizada por nuestros pueblos indígenas desde hace
muchos siglos durante la época Precolombina.
Esta savia o resina, se
extrae realizando cortes a la corteza del tronco o ramas, y consiste de un
líquido más o menos espeso e incoloro, pegajoso al tacto y con un aroma muy
fuerte y muy particular que nos recuerda mucho al canfín o querosén. Su sabor
es fuerte, amargo y verdaderamente repulsivo. Es insoluble en agua pero
altamente soluble en alcohol. Al contacto con el aire se endurece rápidamente
formando una especie de ámbar duro y opaco que se deshace rápidamente en
alcohol.
La cantidad y variedad
de propiedades medicinales y curativas que se le atribuyen a esta resina a lo
largo y ancho del mundo y de la historia, podrían llenar una biblioteca
completa, motivo por el cual nos vamos a limitar al siguiente resumen cuya
preparación nos tomó más tiempo que todo el capítulo completo debido a la gran
cantidad de información disponible:
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EL CORAZÓN DEL CHIRRACO.
La madera del chirraco es tan fina, preciosa y atractiva, que se le conoce muy
justamente como el "bálsamo americano".
La albura es de color amarillo muy
claro, con un duramen de color caramelo con abundantes y finas bandas de color
café oscuro, que le confieren una librea o apariencia sumamente atractiva a la
vista.
Su
aroma es fuerte y penetrante, y recuerda mucho al aroma de la madera del
cocobolo, y al igual que éste, su aserrín causa molestias en los ojos, nariz y
garganta a quienes la trabajan con herramientas de alta velocidad.
Tal
vez la característica más notable de esta madera, que la hace tan codiciada en
el medio comercial, es el perfecto acabado que se obtiene de las piezas
finamente lijadas y pulidas, las cuales adquieren la apariencia y textura del
mármol.
De la exquisita madera del chirraco también se obtiene un excelente tinte textil
de un magnífico tono naranja claro, cuya explotación y uso industrial, al igual
que sucedió con el árbol de mora, acabaron con
gran parte de la población natural de este árbol.
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Durante los años previos a la década de los años 70, esta fue la madera favorita
con la que se elaboraron miles de metros cuadrados de pisos, escaleras y cielos
rasos, y miles de enormes muebles y de puertas de madera maciza al más puro y
opulento estilo Sarchí, que pesaban cada uno una tonelada y diseñados para
satisfacer un acentuado gusto por las maderas, las pieles, los trofeos de
cacería, las aves enjauladas, las reliquias indígenas, las plantas arrancadas de
la montaña, y por todo lo que significaba "el triunfo del hombre sobre la
naturaleza", muy propio de la sociedad de esa
época.
Era la época en la que las personas creían ciegamente que los recursos naturales
eran infinitos y que jamás se agotarían, y en el remoto caso de que se
presentara algún problema similar, sería allá por el año 3000 ó 4000 y
sería muy fácil de resolver.
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PLANTEMOS MUCHOS, MUCHOS ÁRBOLES
DE CHIRRACO.
Mientras que en otros países vecinos de América
hay extensas plantaciones de comerciales de esta especie para la producción de
madera y de bálsamo, en Costa Rica nos estamos lamentando de los poquitos
individuos que nos quedan.
Es responsabilidad y obligación de las
presentes generaciones, hacer todo lo humanamente posible para evitar que el
chirraco desaparezca de nuestro territorio nacional
MANOS A LA OBRA...
POR SEMILLAS. La
reproducción del chirraco es muy simple. Nada más se deben colectar los frutos
recién caídos al suelo. Deben estar frescos y no se deben utilizar frutos que
hayan estado almacenados más de 1 mes.
Antes de realizar la siembra,
sumerja los frutos en agua fresca durante unos dos o 3 días hasta que los
tejidos del fruto se sientan suaves. El objetivo de este tratamiento es
suavizar la cápsula de resina que envuelve a la semilla en el interior del
fruto para que pueda germinar. No es necesario sacar la semilla del fruto para
que ésta no se maltrate o rompa.
Al tercer día, saque los frutos
del agua y sin dejarlos secar, siémbrelos en posición vertical en el almácigo
o cama de germinación, de tal manera que la porción dentro de la cual se
encuentra la semilla quede completamente enterrada en el sustrato y el "ala"
quede por fuera.
Utilice
un sustrato o tierra bien suelto y desinfectado, y manténgalo permanentemente
húmedo pero sin que el agua forme charcos en la superficie.
Si todo sale bien, las primeras
semillas comenzarán a germinar y a crecer como la hierba en 2 ó 3 semanas, con
sus características hojas pinadas verdes y brillantes.
REPRODUCCIÓN ASEXUAL. No
conocemos experiencias con la reproducción de esta especie por medio de
estacas o postes vivos, pero es muy probable que este método no funcione con
esta especie en particular.
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CRECIMIENTO. Hay algunos
reportes que mencionan que los árboles de chirraco plantados en el campo,
crecen más rápido que lento a pesar de ser árboles de madera dura y pesada, y
además poseen la enorme ventaja de desarrollar un tronco recto y libre de
ramas bajas lo cual lo convierten en una atractiva opción para plantarlo
intercalado con otros cultivos agrícolas tolerantes a la sombra.
Si a lo anterior sumamos la
tendencia de este árbol a formar un tronco recto y perfectamente cilíndrico,
estaríamos hablando de una especie con un enorme potencial para establecer
proyectos forestales para la producción de madera preciosa a mediano plazo.
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CULTIVO
EN MACETA. Es uno de los árboles más dóciles y fáciles de cultivar en
macetas para investigación, ornamento o decoración siguiendo una serie de
cuidados muy especiales, ya que pocos árboles poseen un follaje
tan atractivo, fresco y tan ornamental como el chirraco, pues
además de su notable brillo, las hojas nuevas se mantienen muchas semanas de
color verde claro, produciendo un magnífico contraste con las hojas viejas de
color verde muy oscuro.
Bajo estas condiciones responde
muy rápida y satisfactoriamente a las podas periódicas de follaje y de raíces,
al cambio de sustrato y a la aplicación sistemática de enmiendas y de
fertilizantes foliares.
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Sr. Misael Vargas Madrigal quienes llevan a cabo un invaluable proyecto de reproducción y propagación de especies de árboles nativos en el vivero forestal de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz. ¡Gracias! |