6. El mora
Maclura tinctoria
Familia botánica: MORACEAE
 
 
 
El universo infinito de los árboles está lleno de historia, cultura, tragedia y esperanza.
 
Algunas especies como la que vamos a presentar en esta oportunidad, reúnen e integran todos esos elementos, y es entonces cuando el estudio, protección y uso racional de los árboles se vuelve más importante que cualquier otra actividad.
 
Desde Costa Rica, el país que une dos continentes y dos océanos, con el mayor orgullo para el mundo entero, el fascinante mora.
 
 
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¿DÓNDE HAY ÁRBOLES DE MORA?
 
El mora es uno de los árboles de mayor distribución en el continente americano, pues se le encuentra creciendo naturalmente desde las costas Pacífica y Atlántica del centro y sur de México, hasta el norte de Argentina, pasando por América Central y por todas las islas de las Antillas mayores y menores.
 
La distribución del mora en Costa Rica se puede observar en el mapa de la izquierda, y comprende toda la vertiente del Pacífico, desde el nivel del mar hasta los 1000 metros de elevación y probablemente un poco más arriba.
 
A pesar de su amplio rango de distribución sobre el territorio nacional, lamentablemente no es un árbol fácil de encontrar a causa de que su población desde hace muchos años ha sido víctima de una severa explotación, y de que la especie ha tenido enormes dificultades para recuperarse, y más adelante descubriremos por qué.
 
 
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APRENDAMOS A RECONOCER AL MORA.
 
De lejos, los árboles de mora se pueden confundir con muchas otras especies, pero ya de cerca la historia es muy diferente.
 
En realidad es un árbol no muy grande, de tronco y ramas gruesas y de forma muy irregular y de copa bastante abierta y amplia.
 
Al acercarnos a los árboles de mora, comenzamos a descubrir una serie de detalles asombrosos que francamente aún no hemos observado en ningún otro árbol.
 
Debemos comenzar por decir que los árboles de mora parecen salidos de algún Bosque Encantado de las páginas de los cuentos de hadas, y no es ninguna exageración. Veamos...
 
Durante la estación seca cuando los árboles botan todas sus hojas y queda la retorcida ramazón desnuda, pareciera un árbol seco y muerto al que le cayó un rayo o algo parecido, pero no nos dejemos engañar por este maestro del disfraz, pues está perfectamente vivo a pesar de su agónica y fantasmagórica apariencia.
 
A algunas personas el árbol de mora les podría perecer muy feo y poco "elegante", pero a nosotros nos resulta fascinante por la infinidad de extraños e insólitos detalles anatómicos que presenta cada uno de sus árboles.
 
A continuación presentamos una pequeña colección de estas curiosidades que nos hemos encontrado:
 

...abultamientos

...alas y figuras laminadas

...tirabuzones

...túneles que atraviesan el tronco de lado a lado

...formas orgánicas caprichosas

...figuras circulares y en espiral

 
Tan entretenido es buscar formas y figuras en el tronco de los árboles de mora como en las nubes del cielo. Cada árbol de mora es toda una galería de arte moderno, y ofrece horas y horas de entretenimiento e higiene mental para aquellas personas amantes de la contemplación de la Naturaleza.
 
La corteza del mora es francamente extraordinaria, sin un color definido pues hemos visto árboles con corteza de color gris claro, café oscuro, café claro y hasta rojiza, lo cual se debe a la mayor o menor presencia de corteza nueva (gris claro) con relación a la corteza vieja y muerta (café oscuro), la cual se desprende constantemente en enormes y gruesas placas, de formas orgánicas alargadas.
 
De hecho, no sabemos de ningún otro árbol en Costa Rica que desprenda su corteza en trozos tan grandes, como el que sostiene Carlos José en la foto de la izquierda. Algunos árboles desprenden tal cantidad trozos de corteza que pareciera que se están desintegrando.
 
No sabemos a ciencia cierta la causa de este fenómeno, pero pareciera que éste es un mecanismo de defensa del árbol para liberarse de cualquier planta parásita o estranguladora que se adhiera a su tronco o ramas, las cuales pueden llegar a matar al árbol tarde o temprano. Esta defensa también incluye a las plantas epífitas comunes como las orquídeas, piñuelas, bejucos, helechos, musgos y otras (mal llamadas "parásitas" en nuestro país), que aunque no causan daños al árbol directamente, su acumulación sobre la copa crea tanto peso sobre las ramas que éstas se desgarran y/o quiebran ocasionando serias lesiones al árbol.
 
Verdad o no, lo cierto es que los árboles de mora vivos siempre se encuentran completamente "limpios" de cualquier tipo de planta sobre su tronco y ramas.
 
 

 

 

 

 

¿De cuál antigua cultura prehispánica
serán estos misteriosos grabados sobre piedra?

 

 

 

 
 
 
De ninguna, pues en realidad son las curiosas y mágicas marcas espirales y concéntricas que dejan las placas de corteza muerta del mora cuando se desprenden del tronco. Solamente conocemos otra especie de árbol que también presenta este tipo de marcas sobre su corteza, el guanacaste blanco (Albizia niopoides), del cual hablaremos en una próxima Misión si Dios así lo permite.
 
 
Los arbolitos jóvenes de mora no se parecen absolutamente en nada a los espectrales e imponentes individuos adultos.
 
Su corteza es más bien lisa, blanquecina y con una gran cantidad de lenticelas o granitos muy notables,  dispuestas en cadenas horizontales que a veces pueden tener hasta 30 centímetros de largo. Además los árboles jóvenes poseen una fuerte tendencia a desarrollar muchas ramas tan gruesas como el mismo tronco.
 
 
 
 
Las hojas del mora son simples, alternas y con el borde lleno de grandes dientes curvados hacia adelante como una sierra circular, aunque también hemos encontrado ejemplares de hojas con el borde perfectamente liso. En ocasiones el ápice o punta de la hoja es tan largo que puede abarcar más del 25% de la longitud total de la lámina.
 
Las hojas pueden medir de 10 a 15 centímetros de largo y se distribuyen en un mismo plano a ambos lados a todo lo largo de las ramitas terminales. Las hojas nuevas son de color rojo muy oscuro, casi café.
 
 
 
 
En los arbolitos jóvenes del mora, las ramas y tallos están erizados de espinas largas, rectas y afiladas como la punta de un dardo.
 
Hay una espina en cada uno de los puntos donde la hoja se une con la ramita. La presencia de espinas va disminuyendo paulatinamente conforme los árboles van envejeciendo. Sin embargo, también hemos encontrado algunos arbolitos de mora totalmente desprovistos de estas espinas.
 
Por último, los tejidos de la corteza, ramas y hojas del mora -al igual que todas las demás plantas de la familia Morácea- están llenas de un látex o savia elaborada blanca y espesa con la apariencia de la leche evaporada, sin olor ni sabor particulares. En los árboles jóvenes este látex posee un color más amarillento.
 
 
 
Por favor,
no le cause heridas al tronco del árbol para comprobar que de verdad tiene látex blanco. Una pequeña lesión se puede convertir con el tiempo en una herida mortal.
 
 
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LAS FLORES Y LOS FRUTOS DEL MORA.
 
Vamos a dedicar un capítulo totalmente aparte sobre las flores y los frutos de este árbol, pues realmente requieren de mucha atención. Veamos...
 
Durante la pasada Misión Árboles del Paraíso, al estudiar al hormigo o tabaquillo (Triplaris melaenodendron), aprendimos que hay árboles sexualmente conocidos como dioicos, palabra botánica que se utiliza para referirse a aquellas especies de plantas que producen las flores masculinas y las flores femeninas en individuos separados.
 
El mora también es un árbol dioico o sea, que existen árboles de mora machos y árboles de mora hembras.
 
Los árboles macho se caracterizan porque sólo producen flores masculinas con estambres y polen. Estas flores son diminutas y se forman agrupadas en unas estructuras carnosas, colgantes y de unos 8 centímetros de largo, conocidas como amentos (imagen izquierda).
 
Por su parte los árboles hembra producen sólo flores con carpelos, pistilo y óvulos. Al igual que muchas especies de plantas de la familia Morácea, las flores femeninas también son diminutas y se forman agrupadas en una estructuras carnosas y redondeadas conocidas como cabezuelas (foto derecha). Los "pelillos" que observamos en la fotografía de la derecha, son los largos pistilos de cada una de las flores encargados de capturar en el aire los diminutos granos de polen de los distantes árboles machos.
 
Cuando las flores femeninas son polinizadas, los carpelos se hinchan y se fusionan entre sí, formando un fruto múltiple redondo y carnoso conocido como sorosis, de no más de 1 centímetro de diámetro, de color verde cuando tierno y rojizo o negro y lleno de látex pegajoso al madurar.
 
Precisamente el nombre de nuestro árbol se debe al gran parecido de sus frutos maduros con los de la mora verdadera o morera (Morus alba), otro árbol de la misma familia Morácea (foto izquierda), mundialmente reconocido pues sus hojas son el alimento preferido de los gusanos que producen la seda en la interesante y milenaria actividad de la sericicultura.
 
 
 
 
Cuando los árboles de mora hembras se encuentran en plena cosecha, los frutos son ávidamente comidos antes de caer al suelo por una gran cantidad de animales que se alimentan total o parcialmente de frutos (frugívoros), entre los que se encuentran las ardillas, muchas especies de aves y también murciélagos.
 
Las semillas del mora son diminutas, y cuando son expulsadas en las excretas de los animales que han devorado sus frutos, ya están listas para germinar, y de hecho esta es la estrategia que utiliza el mora para dispersar sus semillas lejos y formar nuevos individuos, valiéndose de los animales para lograrlo.
 
 
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EL CORAZÓN DEL MORA.
 
Hay maderas inolvidables e inconfundibles por su enorme belleza, y precisamente el mora es una de ellas. Reconocida como una auténtica madera preciosa, no tiene rival en cuanto a sus propiedades físicas y estructurales.
 
En primer lugar, existe una gran diferencia entre la albura y el duramen del mora. La albura o madera blanca puede ser de color blanquecino o amarillo pálido, y al igual que la albura de todas las demás especies de árboles, no posee ninguna importancia estética ni físico-química.
 
El duramen o corazón por su parte, posee la característica de que su color cambia conforme el árbol envejece. Veamos:
 

 
En los árboles más jóvenes el corazón puede ser desde color amarillo encendido (izquierda) hasta un magnífico dorado (centro), mientras que en los árboles más viejos el color de la madera se vuelve caramelo oscuro (derecha) matizado con una alta densidad de líneas y trazos de color amarillo.
 
Es una madera bastante dura, pesada y fuerte, con una asombrosa resistencia natural a la humedad, a los hongos y a otros agentes que atacan y pudren a la madera cuando se encuentra expuesta a la intemperie, motivo por el cual antes era una madera muy buscada para elaborar postes muertos para las cercas de las fincas, cuando estos árboles eran abundantes.
 
 
En Costa Rica, la madera del mora aún se utiliza pero solamente en la confección de artesanías pequeñas debido a su escasez y altos precios.
 
Por poseer un color amarillo o naranja tan acentuado, nuestros artesanos utilizan sólo pequeñas piezas de mora para hacer contrastes con otras maderas de color más oscuro, como la exquisita rosa náutica de la fotografía de la izquierda, elaborada por un artesano costarricense de apellido Conejo.
 
 
A pesar de su atractivo, el mora parece no ser la madera más dócil para trabajar con herramientas eléctricas y manuales, pues de acuerdo con los artesanos que aún la utilizan, presenta varios problemas principalmente en el tallado, torneado, cepillado y lijado a causa de ser una madera de grano o hilo muy irregular y entrecruzado.
 
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EL COLOR DE UNA TRAGEDIA.
 
Durante la Revolución Industrial, a finales del Siglo XVIII e inicios del Siglo XIX, se inventaron y fabricaron máquinas que permitieron por primera vez en la historia la producción masiva de telas de algodón, las cuales debían de ser coloreadas utilizando igualmente grandes cantidades de tintes de todos los colores posibles.
 
En esa época, los tintes artificiales no existían, por lo que se utilizaban sólo tintes naturales extraídos de muchas especies de plantas y de algunos tipos de animales invertebrados.
 
Por décadas, se desató un verdadero furor en el mundo entero en busca de fuentes naturales y abundantes de tintes para satisfacer las gigantescas demandas de la igualmente poderosa industria textil. La antiquísima fotografía de la izquierda nos muestra un "teñidero de tela" de la época de la colonia africana, en donde los nativos -inmersos hasta la cintura en colorante vegetal hirviendo- restregaban y removían las telas durante largas horas para garantizar su teñido homogéneo. No hace falta decir los efectos que provocaron esos potentes colorantes sobre la piel y los órganos reproductores de estas personas.
 
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Para desgracia del árbol de mora, durante esa misma época se descubrió que al hervir en agua su madera producía una sustancia a la que se llamó maclurina, fústico o caqui, de la cual se obtenían excelentes tintes para tela de color café, amarillo, beige o verde, según el método utilizado.
 
La comercialización de este nuevo colorante vegetal resultó tan lucrativa en el ámbito mundial, que miles de árboles de mora fueron cortados, sus troncos y ramas astillados en trozos pequeños, y llevados en trenes o barcos hacia las tintorerías de todo el mundo en donde se hervían en grandes calderos para extraer los colorantes.
 
Después de hervida la madera, se utilizaba como leña de muy larga duración para alimentar los mismos calderos de las tintorerías.
 
La mundialmente famosa tela conocida como caqui o khaki, que tan orgullosamente vistieron hace muchos años nuestros abuelos, campesinos, soldados y policías, no era otra cosa que una tela gruesa de algodón teñida con los diversos colores que "soltaba" la madera del mora.
 
 
 
Con la llegada de los tintes y colorantes sintéticos a inicios del Siglo XX, mucho más baratos y duraderos, la madera del mora dejó de ser utilizada para este propósito, dejándonos a las actuales generaciones una población de árboles diezmada y casi al borde de la extinción.
 
 
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PLANTEMOS MUCHOS, MUCHOS ÁRBOLES DE MORA.
 
La anterior descripción de la madera del mora, fue absolutamente necesaria para comprender por qué la situación actual de este árbol nos tiene verdaderamente preocupados.
 
La explotación del mora durante tantos años para extraer los tintes de su madera, redujo su población a un nivel muy peligroso, con muy pocos individuos separados grandes distancias unos de otros.
 
Otro problema es que al menos en Costa Rica no ha sido suficientemente plantada para ningún propósito, tal vez por lo difícil que resulta actualmente conseguir semillas y arbolitos, o a causa del lento crecimiento del árbol, o de su apariencia "fantasmal", o porque los árboles jóvenes tienen espinas, o todas estas razones juntas, o quién sabe.
 
Pero lo más delicado de todo es que la población del mora se compone de árboles macho y árboles hembra por separado, y no sabemos la actual proporción de ambos sexos. Entonces, suponiendo que actualmente la población de individuos machos sea mucho mayor que la de hembras, y estas últimas estuvieran muy aisladas y demasiado lejos de las fuentes de polen, pues estamos hablando de una especie de árbol...
 
...sin posibilidades de reproducirse y rumbo a la extinción.
 
 
Por lo tanto, nos vemos en la obligación de incluir al mora en nuestra LIBRETA ROJA, y por este medio solicitamos a todas las personas e instituciones pertinentes e interesadas, concentrar sus investigaciones, esfuerzos y recursos en la patriótica labor de reproducir y cultivar a este magnífico árbol para alejarlo de su desaparición.
 
 
 
MANOS A LA OBRA...
 
Para reproducir y cultivar árboles de mora, tenemos varias opciones.
 
 
POR SEMILLA. Lamentablemente no tenemos ninguna experiencia personal con la reproducción del mora por semillas a causa de su escasez, y las investigaciones al respecto son mínimas o no se encuentran a disposición del público.
 
Cualquier persona o institución que desee compartir sus experiencias sobre la reproducción del mora por medio de semillas, aquí le proporcionamos un espacio con sus correspondientes créditos.
 
 
POR TRANSPLANTE O REPIQUE. A causa de que las semillas del mora son dispersadas en las excretas de las aves y otros animales herbívoros, no es raro encontrar arbolitos de esta especie creciendo en lugares muy alejados de sus árboles madre. Si estos arbolitos se encuentran a la sombra de otros árboles grandes, o en sitios en donde su seguridad y su existencia no está garantizada, lo mejor es extraerlos con todo y sus raíces con mucho cuidado, y plantarlos el mismo día en otro sitio definitivo. Los arbolitos así trasplantados se desarrollan muy bien.
 
 
POR POSTES VIVOS. Hace muchísimos años en la provincia de Guanacaste, nuestros abuelos utilizaron postes vivos de mora para construir cercas de alambre alrededor de las fincas y de las haciendas. Hoy día aún podemos encontrar algunos árboles grandes de mora alineados a la orilla de los caminos y veredas de Guanacaste, como vestigio de estas antiguas cercas.
 
Al construir estas cercas, nuestros abuelos jamás se imaginaron que estaban enviando hacia el futuro el secreto para salvar al mora de su extinción.
 
Recordemos que al plantar un poste vivo, éste se desarrolla y se convierte en una copia idéntica o "clon" del árbol del cual se tomó este poste, inclusive el sexo.
 
Entonces, es necesario buscar árboles de mora adultos y de ambos sexos, extraer una razonable cantidad de postes vivos con adecuadas y muy cuidadosas técnicas de poda, y plantarlos juntos en un sitio seguro y a distancias apropiadas. De esta manera en algunos años tendremos una pequeña plantación en donde los árboles hembra podrán producir grandes cantidades de frutos y de semillas todos los años.
 
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Debemos tener muy claro que al plantar arbolitos de mora, muy temprano comienzan a desarrollar una copa amplia con vigorosas ramas tan gruesas como su mismo tronco, como el individuo de la fotografía de la izquierda, plantado hace apenas 8 años.
 
Ante tal cantidad de ramas, siempre surge la misma inquietud:
 
- ¿Podar o no podar?
 
 
 
La respuesta depende esencialmente del objetivo de plantar árboles de ésta y de cualquier otra especie.
 
Si lo que se desea son árboles con fines reproductivos, ornamentales y/o conservación de la vida silvestre, pues nada mejor que dejarlos crecer a sus anchas para que asuman su particular forma natural. De vez en cuando se puede podar alguna rama para plantarla como poste vivo y desarrollar así un nuevo individuo.
 
Por el contrario, si el objetivo de plantar estos árboles es producir madera, pues será necesario aplicar todas las prácticas culturales necesarias para garantizar que los árboles desarrollen troncos largos y gruesos y madera abundante de la mejor calidad posible.
 
 
 
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Nuestras más sinceras muestras de admiración al Ing. Rodolfo González, quien ha dedicado toda su finca desde hace ya varios años, a la patriótica y noble labor de plantar árboles de mora y de muchas otras especies forestales en peligro de extinción. Gracias.
 
Puerto Soley, Guanacaste. Noviembre 2002.