Maclura tinctoria Familia botánica: MORACEAE El universo infinito de los árboles está lleno de historia, cultura, tragedia y esperanza. Algunas especies como la que vamos a presentar en esta oportunidad, reúnen e integran todos esos elementos, y es entonces cuando el estudio, protección y uso racional de los árboles se vuelve más importante que cualquier otra actividad. Desde Costa Rica, el país que une dos continentes y dos océanos, con el mayor orgullo para el mundo entero, el fascinante mora. |
¿DÓNDE
HAY ÁRBOLES DE MORA?
El mora es uno de los árboles de mayor distribución en el continente americano,
pues se le encuentra creciendo naturalmente desde las costas Pacífica y
Atlántica del centro y sur de México, hasta el norte de Argentina, pasando por
América Central y por todas las islas de las Antillas mayores y menores.
La
distribución del mora en Costa Rica se puede observar en el mapa de la
izquierda, y comprende toda la vertiente del Pacífico, desde el nivel del mar
hasta los 1000 metros de elevación y probablemente un poco más arriba.
A pesar de su amplio rango de distribución sobre el territorio nacional,
lamentablemente no es un árbol fácil de encontrar a causa de que su población
desde hace muchos años ha sido víctima de una severa explotación, y de que la
especie ha tenido enormes dificultades para recuperarse, y más adelante
descubriremos por qué.
|
APRENDAMOS
A RECONOCER AL MORA.
De lejos, los árboles de mora se pueden confundir con muchas otras especies,
pero ya de
cerca la historia es muy diferente.
En
realidad es un árbol no muy grande, de tronco y ramas gruesas y de
forma muy irregular y de copa bastante abierta y amplia.
Al acercarnos a los
árboles de mora, comenzamos a descubrir una serie de detalles asombrosos que francamente aún no hemos observado en ningún otro árbol.
Debemos comenzar
por decir que los árboles de mora parecen salidos de algún Bosque Encantado de
las páginas de los cuentos de hadas, y no es ninguna exageración. Veamos...
Durante la estación seca cuando los árboles botan todas sus hojas y
queda la retorcida ramazón desnuda, pareciera un árbol seco y muerto al que le
cayó un rayo o algo parecido, pero no nos dejemos engañar por este maestro del
disfraz, pues está perfectamente vivo a
pesar de su agónica y fantasmagórica apariencia.
A algunas personas el
árbol de mora les podría perecer muy feo y poco "elegante", pero a nosotros nos
resulta fascinante por la infinidad de extraños e insólitos detalles
anatómicos que presenta cada uno de sus árboles.
A continuación
presentamos una pequeña colección de estas curiosidades que nos hemos
encontrado:
La
corteza del mora es francamente extraordinaria, sin un color definido pues
hemos visto árboles con corteza de color gris claro, café oscuro, café claro y
hasta rojiza, lo cual se debe a la mayor o menor presencia de corteza nueva
(gris claro) con relación a la corteza vieja y muerta (café oscuro), la cual
se desprende constantemente en enormes y gruesas placas, de formas orgánicas
alargadas.
De hecho, no sabemos de ningún otro árbol en Costa Rica que desprenda su corteza en trozos tan
grandes, como el que sostiene Carlos José en la foto de la izquierda. Algunos
árboles desprenden tal cantidad trozos de corteza que pareciera que se están
desintegrando.
No sabemos a ciencia
cierta la causa de este fenómeno, pero pareciera que éste es un mecanismo de defensa del árbol para liberarse de cualquier planta parásita
o estranguladora que se adhiera a su tronco o ramas, las cuales pueden llegar
a matar al árbol tarde o temprano. Esta defensa también incluye a las plantas epífitas comunes como las orquídeas, piñuelas,
bejucos, helechos, musgos y otras (mal llamadas "parásitas" en nuestro país),
que aunque no causan daños al árbol directamente, su acumulación sobre la copa
crea tanto peso sobre las ramas que éstas se desgarran y/o quiebran
ocasionando serias lesiones al árbol.
Verdad o no, lo cierto
es que los árboles de mora vivos siempre se encuentran completamente "limpios"
de cualquier tipo de planta sobre su tronco y ramas.
Los arbolitos jóvenes de mora no se parecen absolutamente en nada a los
espectrales e imponentes individuos adultos.
Su corteza es más bien lisa,
blanquecina y con una gran cantidad de lenticelas o granitos muy notables,
dispuestas en cadenas horizontales que a veces pueden tener hasta 30
centímetros de largo. Además los árboles jóvenes poseen una fuerte tendencia a desarrollar muchas ramas
tan gruesas como el mismo tronco.
Las
hojas del mora son simples, alternas y con el borde lleno de grandes
dientes curvados hacia adelante como una sierra circular, aunque también hemos
encontrado ejemplares de hojas con el borde perfectamente liso. En ocasiones
el ápice o punta de la hoja es tan largo que puede abarcar más del 25% de la
longitud total de la lámina.
Las hojas pueden medir
de 10 a 15 centímetros de largo y se distribuyen en un mismo plano a ambos
lados a todo lo largo de las ramitas terminales. Las hojas nuevas son de color
rojo muy oscuro, casi café.
En
los arbolitos jóvenes del mora, las ramas y tallos están erizados de
espinas largas, rectas y afiladas como la punta de un dardo.
Hay una espina en cada
uno de los puntos donde la hoja se une con la ramita. La presencia de espinas
va disminuyendo paulatinamente conforme los árboles van envejeciendo. Sin
embargo, también hemos encontrado algunos arbolitos de mora totalmente
desprovistos de estas espinas.
|
LAS FLORES Y LOS FRUTOS DEL MORA.
Vamos a dedicar un capítulo totalmente aparte sobre las flores y los frutos de
este árbol, pues realmente requieren de mucha atención.
Veamos...
Durante la pasada Misión Árboles del Paraíso, al estudiar al
hormigo o tabaquillo
(Triplaris
melaenodendron),
aprendimos que hay árboles sexualmente conocidos como dioicos, palabra botánica que se
utiliza para referirse a aquellas especies de plantas que producen las flores
masculinas y las flores femeninas en individuos separados.
El
mora también es un árbol dioico o sea, que existen árboles de mora machos y
árboles de mora hembras.
Los árboles macho se caracterizan porque sólo producen flores
masculinas con estambres
y polen. Estas flores son diminutas y se forman agrupadas en
unas estructuras carnosas, colgantes y de unos 8 centímetros de largo, conocidas
como amentos (imagen izquierda).
Por
su parte
los árboles hembra producen sólo flores con carpelos,
pistilo y óvulos. Al igual que muchas especies de
plantas de la familia Morácea, las flores femeninas también son diminutas y se forman
agrupadas en una estructuras carnosas y redondeadas conocidas como
cabezuelas (foto derecha). Los "pelillos" que observamos en la fotografía de
la derecha, son los largos pistilos de cada una de las flores encargados de
capturar en el aire los diminutos granos de polen de los distantes árboles
machos.
Cuando
las flores femeninas son polinizadas, los carpelos se hinchan y se fusionan
entre sí, formando un fruto múltiple redondo y carnoso conocido como sorosis,
de no más de 1 centímetro de diámetro, de color verde cuando tierno
y rojizo o negro y lleno de látex pegajoso al madurar.
Precisamente
el nombre de nuestro árbol se debe al gran parecido de sus frutos maduros con
los de la mora verdadera o morera (Morus alba),
otro árbol de la misma familia Morácea (foto izquierda), mundialmente reconocido pues sus hojas
son el alimento preferido de los gusanos que producen la seda en la interesante
y milenaria actividad de la sericicultura.
Cuando los árboles de mora hembras se encuentran en plena cosecha, los frutos son
ávidamente comidos antes de caer al suelo por una gran cantidad de animales que
se alimentan total o parcialmente de frutos (frugívoros), entre los que se
encuentran las ardillas, muchas especies de aves y también murciélagos.
Las semillas del mora son diminutas, y cuando son expulsadas en las excretas de los
animales que han devorado sus frutos, ya están listas para germinar, y de hecho
esta es la estrategia que utiliza el mora para dispersar sus semillas lejos y
formar nuevos individuos, valiéndose de los animales para lograrlo.
|
EL CORAZÓN DEL MORA.
Hay maderas inolvidables e inconfundibles por su enorme belleza, y precisamente el
mora es una
de ellas. Reconocida como una auténtica madera preciosa, no tiene rival en
cuanto a sus propiedades físicas y estructurales.
En primer lugar, existe una gran diferencia entre la albura y el duramen del
mora. La
albura o madera blanca puede ser de color blanquecino o amarillo pálido, y
al igual que la albura de todas las demás especies de árboles, no posee ninguna importancia estética ni físico-química.
El
duramen o corazón por su parte, posee la característica de que su color cambia conforme el árbol envejece.
Veamos:
En
Costa Rica, la madera del mora aún se utiliza pero solamente en la confección
de artesanías pequeñas debido a su escasez y altos precios.
Por poseer un color amarillo o naranja tan acentuado, nuestros artesanos utilizan
sólo pequeñas piezas de mora para hacer contrastes con
otras maderas de color más oscuro, como la exquisita rosa náutica de la
fotografía de la izquierda, elaborada por un artesano costarricense de apellido
Conejo.
A pesar de su atractivo, el mora parece no ser la madera más dócil para
trabajar con herramientas eléctricas y manuales, pues de acuerdo con los
artesanos que aún la utilizan, presenta varios problemas principalmente en el
tallado, torneado, cepillado y lijado a causa de ser una madera de grano o hilo
muy irregular y entrecruzado.
|
EL COLOR DE UNA TRAGEDIA.
Durante la Revolución Industrial,
a finales del Siglo XVIII e inicios del Siglo XIX, se inventaron y fabricaron máquinas que
permitieron por primera vez en la historia la producción masiva de telas de algodón, las cuales debían de
ser coloreadas utilizando igualmente grandes cantidades de tintes de todos los
colores posibles.
En
esa época, los tintes artificiales no existían, por lo que se utilizaban sólo tintes naturales extraídos de muchas especies de
plantas y de algunos tipos de animales invertebrados.
Por décadas, se desató un verdadero furor en el mundo entero en busca de fuentes
naturales y abundantes de tintes para satisfacer las gigantescas demandas de la
igualmente poderosa industria textil. La antiquísima fotografía de la izquierda
nos muestra un "teñidero de tela" de la época de la colonia africana, en donde los
nativos -inmersos hasta la cintura en colorante vegetal hirviendo- restregaban y removían las telas durante largas horas
para garantizar su teñido homogéneo. No hace falta decir los efectos que
provocaron esos potentes colorantes sobre la piel y los órganos reproductores de
estas personas.
+++++
Para desgracia del árbol de mora, durante esa misma época se descubrió que al hervir
en agua su madera producía una sustancia a la que se llamó maclurina, fústico o
caqui, de la cual se obtenían excelentes tintes para tela
de color café, amarillo, beige o verde, según el método utilizado.
La
comercialización de este nuevo colorante vegetal resultó tan lucrativa en el
ámbito mundial, que miles de árboles de mora
fueron cortados, sus troncos y ramas astillados en trozos pequeños, y llevados
en trenes o barcos hacia las tintorerías de todo el mundo en donde se hervían en
grandes calderos para extraer los colorantes.
Después de hervida la madera, se
utilizaba como leña de muy larga duración para alimentar los mismos calderos de
las tintorerías.
La
mundialmente famosa tela conocida como caqui o khaki, que tan
orgullosamente vistieron hace muchos años nuestros abuelos, campesinos, soldados
y policías, no era otra cosa que una tela gruesa de algodón teñida con los
diversos colores que "soltaba" la madera
del mora.
Con la llegada de los tintes y colorantes sintéticos a inicios del Siglo XX, mucho más baratos y
duraderos, la madera del mora dejó de ser utilizada para este propósito,
dejándonos a las actuales generaciones una población de árboles diezmada y casi al borde de la extinción.
|
PLANTEMOS
MUCHOS, MUCHOS ÁRBOLES DE MORA.
La anterior descripción de la madera del mora, fue absolutamente necesaria para comprender
por qué la situación actual de este árbol nos tiene verdaderamente
preocupados.
La explotación del mora durante
tantos años para extraer los tintes de su madera, redujo su población a un
nivel muy peligroso, con muy pocos individuos separados grandes distancias
unos de otros.
Otro problema es que al menos en Costa Rica no ha sido
suficientemente plantada para
ningún propósito, tal vez por lo difícil que resulta
actualmente conseguir semillas y arbolitos, o a causa del lento crecimiento del árbol, o
de su apariencia "fantasmal", o porque los árboles jóvenes tienen
espinas, o todas estas razones juntas, o quién sabe.
Pero lo más delicado de todo es
que la población del mora se compone de árboles macho y árboles hembra por
separado, y no sabemos la actual proporción de ambos sexos. Entonces,
suponiendo que actualmente la
población de individuos machos sea mucho mayor que la de hembras, y estas últimas
estuvieran muy aisladas y demasiado lejos de las fuentes de polen, pues
estamos hablando de una especie de árbol...
Debemos
tener muy claro que al plantar arbolitos de mora, muy temprano comienzan a
desarrollar una copa amplia con vigorosas ramas tan gruesas como su mismo
tronco, como el individuo de la fotografía de la izquierda, plantado hace
apenas 8 años.
Ante tal cantidad de ramas, siempre surge la misma inquietud:
- ¿Podar o no podar?
La respuesta depende esencialmente del objetivo de plantar árboles de ésta y
de cualquier otra especie.
Si lo que se desea son árboles con fines reproductivos, ornamentales y/o
conservación de la vida silvestre, pues nada mejor que dejarlos crecer a sus
anchas para que asuman su particular forma natural. De vez en cuando se puede
podar alguna rama para plantarla como poste vivo y desarrollar así un nuevo
individuo.
Por el contrario, si el objetivo de plantar estos árboles es producir madera,
pues será necesario aplicar todas las prácticas culturales necesarias
para garantizar que los árboles desarrollen troncos largos y gruesos y madera
abundante de la mejor calidad posible.
|
Nuestras
más sinceras muestras de admiración al Ing. Rodolfo González, quien ha
dedicado toda su finca desde hace ya varios años, a la patriótica y noble
labor de plantar árboles de mora y de muchas otras especies forestales en
peligro de extinción. Gracias.
Puerto Soley,
Guanacaste. Noviembre 2002.
|