Proyecto de "eco–reforestación"
San Lorenzo:
cuna del guayacán real

 

El proyecto de "eco-reforestación" San Lorenzo es un proyecto de reforestación con especies nativas propias del Bosque Tropical Seco, implementado con fines de conservación, donde el guayacán real (Guaiacum sanctum) ocupa el papel del protagonista principal.

 

Localización.

El proyecto se localiza en Puerto Soley, cantón de La Cruz, provincia de Guanacaste, en Costa Rica, a escasos 1,5 km de la costa de Bahía de Salinas, en la zona limítrofe entre Costa Rica y Nicaragua, a pocos kilómetros de distancia del Área de Conservación de Guanacaste.

 

Historia forestal de la zona donde se localiza.

El proyecto se ubica en el Pacífico Norte costarricense, zona que alberga el Bosque Tropical Seco. La zona de Bahía de Salinas fue en el pasado cuna de las más valiosas maderas preciosas de este tipo de bosque, entre otras el guayacán real, el cocobolo, el ron-rón, el caoba, el cedro, el guapinol, etc., siendo que a mediados del Siglo XX este bosque fue prácticamente eliminado.

La historia forestal de esta zona es realmente triste. Debido al altísimo contenido calórico de las maderas preciosas, parte de éstas fueron utilizadas como leña para evaporar agua de mar en las salineras que desde épocas muy remotas existieron en la bahía, gracias a las cuales la bahía tomó su nombre.

Parte de este bosque fue talado y quemado, a fin de dar cabida a la actividad de la ganadería extensiva, y parte fue cortado indiscriminadamente para aprovechar comercialmente su madera en el país, tanto en actividades de construcción, como en la confección de muebles y de artesanías.

Parte de las mejores maderas preciosas, muy particularmente el guayacán real, fueron embarcadas hacia otros países desde el puerto de Soley, llegando incluso en oportunidades a pintar las tucas con el propósito de camuflarlas y hacerlas pasar por especies forestales menos valiosas, y poder así enviarlas al exterior sin cuestionamientos ni restricciones.

 

Nacimiento del proyecto.

El proyecto de eco – reforestación San Lorenzo es un proyecto privado, iniciado por el ingeniero civil Rodolfo González Suárez, en 1990, inspirado en el ejemplo de sembrar árboles que desde niño vio en su padre, el Sr. Rodolfo González Volio.

Para entonces, San Lorenzo era una finca ganadera con un área de 14 hectáreas, cubierta de pasto y charrales que anualmente eran quemados conforme a las prácticas de la actividad ganadera, la cual comenzaba a quedar en el abandono debido a la pérdida de rentabilidad de la actividad ganadera.

El inventario forestal de la finca, para entonces propiedad de un ganadero nacido en la zona, estaba constituido solamente por cinco árboles de cenízaro, los cuales se conservan a la fecha (foto derecha), y una cantidad similar de arbustos.

 

 

 

 

 

 

 

El concepto detrás del proyecto: conservación y biodiversidad.

Desde su nacimiento, San Lorenzo fue concebido como un proyecto de reforestación con especies forestales nativas. Sin embargo, la experiencia de los primeros años hizo que la idea original evolucionara.

La idea original era establecer un proyecto de reforestación con una cantidad muy limitada de especies, de crecimientos moderadamente lentos, cuyas maderas fueran de alto valor económico, con el propósito de aprovecharlas comercialmente en el futuro.

La idea final consiste en la implementación de un proyecto de reforestación con fines fundamentalmente de conservación, procurándose la incorporación de la mayor cantidad de especies forestales, principalmente de aquellas en mayor peligro de extinción, con el propósito adicional de generar experiencia en la siembra de estas especies.

 

El papel del guayacán real en el proyecto.

Bajo el concepto de conservación y biodiversidad anteriormente expuesto, se dio en el proyecto un gran énfasis a la siembra del guayacán real, el exponente más célebre del bosque tropical seco, el cual se encuentra virtualmente extinto.

 

Situación del guayacán real en Costa Rica y en el mundo.

De acuerdo a información recibida en el Instituto Nacional de Biodiversidad (InBio), con sede en Costa Rica, se estima que la población de árboles de guayacán real adultos que existen en Costa Rica escasamente llega a los 100 ejemplares.

Información de reconocidos organismos internacionales, disponible en Internet, afirma que la población mundial del guayacán real escasamente alcanza unos muy pocos miles de árboles (menos de siete mil), siendo que el árbol se encontraba en el pasado en el sur de la Florida (EEUU), las islas del Caribe, México, Centro América y el norte de América del Sur. Se reporta que en muchas de las islas del Caribe el árbol ya ha desaparecido.

 

Factores que han influido en la virtual extinción del guayacán real.

Dos factores se han conjugado en la virtual extinción del guayacán real: 1) el altísimo valor comercial de su madera y 2) lentísima tasa de crecimiento.

La madera del guayacán real es extraordinariamente dura, tratándose de una de las maderas más duras que existen en el mundo.

Adicionalmente, ésta contiene un aceite natural que la hace "auto-lubricada"; ambas propiedades hacen de esta madera un material ideal para ciertas aplicaciones en equipos y maquinaria, tales como muñoneras en ejes de barcos, calzas en aserraderos, etc. , lo cual dio pie en el pasado a una alta demanda y consecuentemente a su sobre-explotación.

Por otro lado, el guayacán real posee una lentísima tasa de crecimiento. Un árbol adulto puede llegar a desarrollar un diámetro superior a los 50 cm, sin embargo, para ello se necesitarán varios cientos de años, lo cual lo convierte, para efectos prácticos, en un "recurso natural no renovable".

La zona de Puerto Soley posee diversos ejemplares adultos de guayacán real. Resulta evidente cómo al observar aquellos árboles que ya han alcanzado diámetros de 25 a 30 cm, el crecimiento que puede apreciarse en los últimos 20 años es prácticamente nulo, debido a la lentitud del proceso.

 

Situación del Guayacán Real en San Lorenzo.

Las primeras siembras de arbolitos de guayacán real en San Lorenzo se dieron en el año 1992. Desde entonces, casi todos los años se han plantado nuevas cantidades de arbolitos, siendo que en este momento la población alcanza los 300 ejemplares.

Los árboles que han alcanzado un mayor desarrollo tienen alturas de hasta 3 metros, y diámetros de hasta 12 centímetros; sin embargo, el crecimiento obtenido en el proyecto ha sido muy diverso, ya que hay árboles contemporáneos de estos mismos que escasamente sobrepasan los 50 cm de altura con diámetros de apenas un par de centímetros.

La experiencia en San Lorenzo vino a demostrar como la sombra de árboles adultos de diversas especies, estimula en los primeros años el crecimiento de los arbolitos de guayacán real que crecen bajo su sombra.

Lamentablemente, en San Lorenzo prácticamente la totalidad de los arbolitos de guayacán real debieron sembrarse desprotegidos ante la ausencia de árboles adultos que pudieran darles sombra. Entre más joven es el arbolito, más crítica y relevante es esta situación. De hecho, un porcentaje de los arbolitos sembrados sin protección obtuvo una tasa de crecimiento virtualmente nula, y otros llegaron a morir luego de algún tiempo.

 

Los beneficios de la siembra del árbol de guayacán real.

La experiencia de San Lorenzo ha venido a demostrar también que no es necesario esperar cientos de años para obtener beneficios por la siembra de árboles de guayacán real.

El guayacán real ha demostrado ser, desde su más joven edad, una planta de gran belleza, consecuentemente, de gran beneficio ornamental. Las formas que han desarrollado los arbolitos han sido muy variadas; realmente es muy placentero ver como los arbolitos van desarrollando sus distintas formas conforme van creciendo. Es un arbolito cuyo cuido realmente entretiene y brinda satisfacciones.

El follaje del árbol es muy hermoso, y la floración, con los años, va siendo cada vez más espectacular. Las primeras floraciones en San Lorenzo fueron obtenidas en el año 2001, con árboles que tenían escasamente 9 años de edad.

 

El origen de los guayacanes reales de San Lorenzo: MAGÓN.

Prácticamente la totalidad de los árboles de guayacán real que se encuentran sembrados en San Lorenzo tienen un mismo origen: MAGÓN.

MAGÓN es el nombre de árbol de guayacán real que se localiza igualmente en Puerto Soley, a escasos 2 km del proyecto San Lorenzo, en un terreno también propiedad de la familia González.

MAGÓN es un extraordinario ejemplar de guayacán real. Es un hermoso árbol cuyo tronco tiene un diámetro promedio de 80 cm, lo cual excede significativamente el diámetro máximo que se supone que estos árboles llegan a desarrollar, que la literatura especializada estima en 60 cm.

 

 

 

El origen del nombre MAGÓN: un tributo de amor, respeto y gratitud.

MAGÓN debe su nombre a los señores Rodolfo González Volio y Miguel Ángel González Camacho, padre y a abuelo paterno del Ing. Rodolfo González Suárez, a quienes sus hijos y nietos quisieron tributar su amor, respeto, y gratitud, bautizando a este distinguidísimo ser viviente con este nombre, el cual estuvo asociado estrechamente a ambos, habiéndose originado la palabra MAGÓN en las iniciales de don Miguel Angel González.

 

¿Qué edad tiene MAGÓN?

¿Qué edad puede tener un árbol de guayacán real
con un diámetro de 80 cm?

Ciertamente no tenemos respuesta a esta pregunta, y de seguro nos gustaría tenerla, pero, dada la tasa de crecimiento de los árboles de guayacán real, y las dimensiones de MAGÓN, no hay duda de que la edad de este árbol es extraordinariamente grande.

Nos atrevemos a especular que la edad de MAGÓN podría ser milenaria, con lo cual bien podría ser el ser viviente de mayor edad en Costa Rica, y consecuentemente uno de los de mayor edad en el mundo.

¡Pensar que para cuando Cristóbal Colón llegó a la costa caribeña costarricense, hace más de quinientos años, ya MAGÓN era un árbol centenario!

 

¿Cómo logró MAGÓN salvarse de la tala que prácticamente acabó con el bosque tropical seco en esta zona?

Creemos que la respuesta a esta pregunta se encuentra en la combinación de cuatro causas.

Las primeras tres de ellas tienen que ver con la dificultad que hubiera representado cortar, sacar y llevar a MAGÓN hasta el puerto, dados sus dimensiones, su peso y su localización y acceso, en el punto más alto de una colina

La cuarta razón, que se conjuga con las anteriores, podría deberse también al hecho de que MAGÓN tiene un daño en la base de su tronco, ocasionado por el fuego, lo cual ha de haber hecho que sus posibles taladores sopesaran las dificultades de su extracción.

¡Cualesquiera que hayan sido las causas que motivaron su salvación, es una bendición que MAGÓN hubiera quedado como testimonio de lo que el Bosque Tropical Seco ha producido, y que éste continúe brindándonos hijos para perpetuar su especie!

Desde 1991, todos los años hemos subido a la montaña y recolectado los pequeños brinzales que han nacido al pie de MAGÓN. Los hemos plantado en bolsas plásticas y conservado en vivero en San Lorenzo, donde, luego de uno o dos años, cuando éstos han alcanzado alturas que oscilan entre 10 y 15 cm, hemos procedido a sembrarlos.

En el año 2002 trasladamos 150 arbolitos hijos de MAGÓN hasta Escazú, en el sector oeste de San José, capital de Costa Rica, donde hemos hecho la prueba de sembrarlos en maceta. Los resultados obtenidos hasta el momento han sido muy satisfactorios.

Es nuestro deseo poder aprovechar todos los hijos que podamos obtener de MAGÓN, y contribuir así a salvar esta especie de la extinción.

 

Especies plantadas en San Lorenzo.

A la fecha, algunas de las especies que se encuentran en San Lorenzo son:

 

La experiencia de la siembra de árboles en el proyecto: una lucha contra las adversidades y un continuo proceso de aprendizaje.

La zona donde se localiza San Lorenzo tiene un régimen de lluvias muy bien definido: una estación lluviosa que se extiende desde mediados del mes de mayo hasta los primeros días del mes de noviembre; consecuentemente, una estación seca -con ausencia prácticamente total de lluvias- que dura los otros seis meses del año.

La entrada de la estación seca es marcada con el inicio de los vientos alisios, provenientes del este - noreste, con velocidades que pueden llegar a ser realmente muy altas. No es extraño en la zona el caso de árboles desgajados o quebrados por la acción del viento, como el árbol de guanacaste adulto de la foto de la izquierda.

En 1990, tan pronto se adquirió San Lorenzo, se limpió el terreno y se contactó el proveedor de los arbolitos: un ingeniero forestal radicado en Liberia. Las lluvias iniciaron con gran intensidad en mayo de ese año, y para el mes de junio ya se tenían sembradas las once hectáreas destinadas al proyecto, con tres mil quinientos arbolitos de diversas especies, entre ellas trescientas estacas de pochote.

Alegremente creímos que podríamos dedicarnos a chapiar la maleza y ver los árboles crecer. No sabíamos que apenas comenzaba nuestro proceso de aprendizaje, y la lucha contra una serie de adversidades:

 

Las sequías. A las pocas semanas de sembradas las once hectáreas, el fenómeno climatológico de El Niño hizo su aparición, y desde mediados de junio -y por espacio de varios meses- prácticamente no hubo lluvias en la zona.

Como resultado de lo anterior, se tuvo una alta tasa de mortalidad en las trescientas estacas de pochote, y una pérdida prácticamente total en las demás especies, ya que de los tres mil doscientos arbolitos sembrados, únicamente lograron sobrevivir dos plantitas.  Ciertamente los pochotes demostraron una mejor capacidad para sobrellevar la condición de sequía.

En setiembre de ese mismo año tomamos la decisión de continuar con el proyecto, pero en forma gradual, sembrándose únicamente aquello que pudiera irrigarse mediante sistemas de riego por goteo, dada la necesidad de aprovechar muy eficientemente la poco agua disponible durante la estación seca.

En octubre se instaló entonces un rudimentario sistema de riego, y se inició entonces la resiembra de especies nativas. Desde entonces el ritmo de siembra ha sido de unos cuantos cientos de árboles por año, instalando previamente los sistemas de riego que permitan regar los arbolitos durante las primeras dos estaciones secas, así como en períodos de sequía imprevistos durante la estación lluviosa.

Debe tenerse presente que el proyecto, a lo largo de todos estos años, se ha desarrollado con recursos económicos muy limitados, de ahí la necesidad de desarrollarlo gradualmente.

La estación seca en esta zona es tan intensa y prolongada, que con el tipo de suelo existente, fundamentalmente arcilloso, y ante la ausencia de cobertura boscosa y raíces en el suelo, la tierra rápidamente se agrietaba luego de que terminaban las lluvias, formando grietas de hasta 15 cm de espesor. Conforme han pasado los años, y los árboles sembrados han crecido, enraizado, y dado sombra, esta situación ha llegado a minimizarse e incluso ha desaparecido en algunos sectores del proyecto.

Es de señalar, también, que en la zona existen experiencias de reforestación sin riego, sin embargo, estas experiencias se caracterizan por haberse implementado en terrenos con suelos menos arcillosos, y más resguardadas de los vientos, los cuales agravan el problema de pérdida de humedad de los arbolitos. De igual manera, han estado restringidas a unas muy pocas especies, pochote fundamentalmente, más resistente a la sequía.

 

Los fuertes vientos. En noviembre de ese año llegó la estación seca y con ella los vientos alisios. Si bien el problema del agua había quedado resuelto con la instalación de los sistemas de riego, el viento lograba maltratar bastante los arbolitos, dada la ausencia total de vegetación que sirviera de barrera. Evidentemente, con la desaparición del bosque, San Lorenzo ofrecía un ambiente realmente inhóspito para la siembra de los arbolitos.

El método por el que se optó fue el de apuntalar los arbolitos con estacas y cintas de tela, lo cual permitió contrarrestar al menos en parte, la acción del viento que de otra manera lograba incluso volcar los arbolitos, dada su gran intensidad y el hecho de que el suelo se encontraba húmedo por la acción del riego.

Actualmente es posible apreciar el efecto que dejó el viento en muchos de los árboles, dada la inclinación que produjo en ellos.

El empleo de barreras corta viento, empleando pastos, fue desestimada por el riesgo del fuego, según se indicará más adelante.

 

El fuego. A lo largo de estos años hemos sufrido en dos oportunidades la pérdida de árboles por la acción del fuego. Afortunadamente, ambos incendios han sido de magnitudes muy modestas.

Los terrenos en los cuales se encuentra San Lorenzo tienen una gran capacidad para el crecimiento de la vegetación: tan pronto inician las lluvias surge vigorosamente una variedad de pastos, así como de malezas, las cuales incluyen un bejuco muy agresivo que en caso de no controlarse asfixia rápidamente los arbolitos. Toda esta vegetación se seca por completo durante la estación seca.

Todo esto obliga periódicamente a controlar el crecimiento de la vegetación mediante chapeas, ya que por razones ambientales no se emplean herbicidas en el proyecto.

La chapea conlleva el problema de los restos del material vegetal que quedan sobre la tierra, los cuales rápidamente se secan no sólo durante la estación seca sino incluso durante la estación lluviosa con algunos días de veranillo, todo lo cual representa un grave riesgo de fuego, dada la tendencia de la gente de la zona a "pegar fuego".

Cabe mencionar que en las dos oportunidades mencionadas, los incendios se originaron en fuegos "supuestamente controlados" propios, que pretendían impedir que terceras personas ajenas al proyecto, se nos adelantaran e iniciaran la quema sin ningún control ni supervisión, lo cual hubiera sido de consecuencias desastrosas.

Luego de estos dos incendios descartamos por completo la práctica de fuegos "controlados", dada la facilidad con que los mismos pueden salirse de control, por la alta variabilidad en las direcciones e intensidades de los vientos. En estos años hemos visto incendios forestales donde una braza encendida es traslada por el viento, en el aire, distancias de cuarenta y cincuenta metros en cuestión de segundos, y abrir así un nuevo foco de incendio.

El problema del fuego no se restringe exclusivamente al problema de los restos chapeados, ya que durante la estación seca el fuego corre rápida y vorazmente en la vegetación constituida por pastos y las malezas secas.

Lamentablemente, el riesgo de que ajenos prendan fuego en esta maleza es tan alto, que esto nos ha llevado a eliminar esta maleza, mediante el empleo de chapeadores mecánicas, al inicio de cada estación seca. De esta manera la maleza es no sólo cortada, sino también triturada, lo cual elimina el riesgo del fuego.

En el año 2001, luego de salir de un "turno" en la vecindad, uno de los participantes en estado de ebriedad se vino iniciando fuegos por el camino. En San Lorenzo podían apreciarse los restos de tres fuegos que fueron iniciados y no continuaron por la prudente práctica de emplear la chapeadora mecánica. Este fuego pudo haber destruido en pocos minutos el esfuerzo de muchos años.

Alternativamente podría considerarse chapeas con machete, más frecuentes, a fin de evitar grandes acumulaciones de vegetación seca. En nuestro caso, no obstante, el empleo de la chapeadora es más conveniente.

En todo caso, de lo que sí estamos seguros, es que el tema del fuego es un tema sobre el cual debe tenerse muchísimo cuidado. El terreno en el cual se encuentra MAGÓN vio perderse en pocas horas una bellísima plantación de pochotes, cuando el fuego utilizado en una propiedad vecina para preparar un terreno para la siembra de frijoles se extendió y la destruyó.

 

Las plagas. Dentro de las plagas que han atacado los arbolitos podemos citar distintos tipos de insectos, particularmente langostas y mallas; así como el "fogoto". Esta última es sin duda la que más daños ha causado, y la que mayores esfuerzos de neutralización nos ha obligado a emprender. Afortunadamente, en el mercado hay disponibles distintos tipos de productos que han demostrado su eficacia en el control de los fogotos.

No obstante lo anterior, en el año 1993 hubo que sembrar, en su totalidad, tres veces la misma área, ante el ataque de los fogotos. La última vez se logró contrarrestar su efecto impregnando por completo con veneno los hoyos donde serían sembrados los arbolitos, así como sus alrededores. Fue en aquel momento una etapa realmente frustrante. Hoy en día esta área es un lindo bosque.

 

El proyecto en la actualidad.

Luego de doce años, San Lorenzo es un proyecto de reforestación que alberga a varios miles de árboles, de toda la gama de edades.

Por un lado se pueden apreciar los árboles sembrados desde el primer año, donde algunos pochotes ya tienen diámetros que exceden los 30 centímetros, y donde los árboles de cenízaro y de guanacaste (foto izquierda) que igualmente han alcanzado un buen desarrollo, ya compiten incluso por la luz y hacen evidente la necesidad de raleas.

Por otro lado, y como si nos trasladáramos 12 años atrás, podemos apreciar los arbolitos recién sembrados de este año: cocobolos, guanacastes y ron-rones, los cuales muestran distintos grados de adaptación a su nuevo hogar.

En el medio podemos apreciar toda una gama de edades y de situaciones: árboles que van desarrollando excelentemente bien, y otros que no van tan bien; árboles que alcanzan varios metros de altura, y otros que, no obstante tener varios años de sembrados, apenas han logrado algunos pocos centímetros.

Podemos apreciar igualmente las últimas incursiones de plagas, las cuales nos obligan a estar en constante alerta.

De especial interés resultan los guayacanes reales de todos los tamaños y formas. En ningún otro sitio es posible apreciar tal cantidad y diversidad de árboles de esta especie.

En general, el proyecto ofrece la oportunidad de apreciar una experiencia que tiene doce años de estarse gestando, y que día a día continúa gestándose. Ofrece ante todo, la oportunidad de valorar y capitalizar esta experiencia, con sus aciertos y sus yerros, para bien de la reforestación con especies nativas.

Deseamos compartir nuestra experiencia, con el único propósito de que ésta pueda resultar de utilidad para quienes se interesen también por la siembra y preservación de las especies forestales nativas del Bosque Tropical Seco.

Deseamos, de manera muy especial, que esta oportunidad sea un estímulo a tener perseverancia en los intentos por resembrar con especies nativas.

El camino no es fácil.

Es mucho el daño que hemos hecho a nuestra tierra al desaparecer por completo el bosque que por siglos la cubrió, y ésta se ha convertido, como en el caso de San Lorenzo, en un campo inhóspito para la siembra de los mismos árboles que un día la cubrieron. Es nuestro deber ayudarlos a salir adelante.

El proyecto ofrece la oportunidad de desarrollar en él una serie de evaluaciones y de investigaciones en el campo forestal, para lo cual nos mostramos totalmente abiertos.

 

El valor de la experiencia del proyecto.

De seguro nada supera la belleza y el valor del bosque natural.

Con gran visión, Costa Rica ha decidido proteger, y con ello salvaguardar para las futuras generaciones, una cantidad muy importante de tierras que albergan nuestros distintos bosques, entre ellos el Bosque Tropical Seco.

Lamentablemente, para cuando buena parte de la población ha tomado conciencia de la temática ambiental, ya es mucho el daño que hemos realizado.

La historia de San Lorenzo, como finca ganadera, es representativa de lo sucedido en cientos de miles de hectáreas en la provincia de Guanacaste.

¿Cuál es el futuro de estas grandes, medianas o pequeñas extensiones de tierra que ya perdieron su bosque?

¿Hay posibilidad de restaurarlas con la siembra de especies arbóreas nativas, cuya supervivencia es actualmente crítica?

¿Tiene la población la oportunidad de contribuir activamente a la situación ambiental plantando especies nativas en los jardines de sus casas, en los parques de sus barrios, en las orillas de las carreteras, generando toda una serie de beneficios y evitando de paso la extinción de estas especies?

En otras palabras, ¿podremos, como país, ir más allá de lo que hemos logrado en la áreas protegidas y trabajar por la restauración del ambiente en las áreas no protegidas? ¿Podremos integrar, como protagonista activo, al ciudadano común y corriente, en este proyecto de restauración?

Si deseamos evitar que nuestros parques nacionales y áreas protegidas terminen siendo "islas" rodeadas de ambientes totalmente degradados, y que las futuras generaciones deban ir a un Parque Nacional para poder conocer un árbol de guayacán real, o uno de cocobolo, o uno de mora, la respuesta a la pregunta anterior debe, evidentemente, ser SÍ.

Deseamos, de todo corazón, que la experiencia de San Lorenzo contribuya a hacerle más fácil el paso a quienes deseen transitar por este camino: el camino de la restauración forestal en las áreas no protegidas mediante la siembra de especies nativas.

Ing. Rodolfo González Suárez
San José, Costa Rica

rodolfogonzalezs@racsa.co.cr