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Descripción de la especie
Pitahaya
Nombre científico: Selenicereus costaricensis
Familia: Cactaceae
La pitahaya, pitaya o fruta del dragón, como se le conoce en muchos otros países, es un cactus de tipo escandente, porque sus tallos se van agarrando a las superficies para subir. Es nativa desde México hasta Suramérica, y se desarrolla en lugares desde el nivel del mar hasta poco más de los 1000 m de altitud.
Como Cactácea es muy resistente a las largas sequías, gustándole mucho los climas calientes, secos o subhúmedos, no así los climas fríos. En condición natural se le ve creciendo entre las ramas de las copas de los árboles como epífita, pero también puede vérsele creciendo desde el suelo, como una planta terrestre, no siendo exigente en cuanto a la calidad de los suelos, ya que puede tolerar muy bien los suelos pobres, secos y rocosos, pero con buen drenaje; agradeciendo mucho el aporte de materia orgánica. Entre los árboles mantiene una condición sombreada, pero a pleno sol también puede desarrollarse en forma adecuada.
La pitahaya posee tallos muy gruesos y carnosos de hasta 5 o 6 m de largo, de color verde y con 3 caras o aristas muy definidas con bordes muy marcados y a todo lo largo nacen pequeños grupos de espinas llamadas areolas, de donde nacerán después nuevos tallos, las flores y los frutos.
Los tallos cuando están sobre árboles pueden trepar por los troncos y las ramas, pero si están sobre superficies en donde no pueden subir, ellos colgarán creando grandes cepas.
Las espinas de las areolas pueden medir en promedio unos 3 mm de largo, siendo ellas en realidad hojas modificadas, que en el proceso de evolución cambiaron de forma como un mecanismo para ahorrar agua y aumentar la protección ante otros organismos que buscaban agua. Las areolas que están en la parte de arriba de los tallos son las que producirán los nuevos tallos, las flores y posteriormente los frutos.
De los tallos nacen raíces aéreas que le sirven a la pitaya para amarrarse e ir trepando por las ramas de los árboles y otras superficies cercanas, como muros o tapias. Entre la corteza de los árboles encuentra pequeñas acumulaciones de materia orgánica que le sirven para obtener nutrientes y humedad, la que complementa la que obtiene del ambiente.
Las flores de la pitahaya son tan efímeras como hermosas, en donde su corta duración hace que cualquier espera valga la pena. Ellas son extremadamente grandes, pudiendo medir hasta 30 cm de diámetro, de un intenso color blanco que las hace muy vistosas durante la noche, que es el momento cuando se abren para atraer a los murciélagos y a algunas polillas, complementando con su exquisito e intenso perfume, que se siente desde lejos. Durante las primeras horas de la mañana, antes de que las flores se cierren, gran cantidad de abejas llegan para aprovechar todo el néctar que quedó disponible, por lo que, si una planta tiene varias flores, se podrá escuchar como si un enjambre entero estuviera en ellas.
Las flores son acampanadas y están formadas por muchos pétalos de color blanco terminados en una corta y delgada punta, acomodados en dos filas, que rodean a un gran centro con cientos de largos estambres amarillos y un grueso gineceo en el extremo inferior que sobresale sobre los estambres.
El cáliz está formado por muchos sépalos delgados y largos, de color verde amarillento y la punta que tienden a doblarse hacia afuera y están distribuidos en dos o tres filas. En algunas flores estos sépalos tendrán la punta y el borde rojizos.
Cuando la flor se encuentra en desarrollo, se puede observar el gran botón como si fuera una antorcha con una muy gruesa base escamosa (ovario que dará forma al fruto) de forma curva, que le permitirá a la flor estar erguida.
Por lo general, estas flores de la pitahaya se abren durante la noche, más o menos entre 7 y 8 de la noche, y no es extraño que lo hagan durante la luna llena, por lo que en algunos lugares la conocen como dama de la luna, porque dicen que ellas siguen a la luna en su recorrido.
Los peculiares frutos, duran como 4 meses en todo su desarrolla, para poder ser cosechados. Ellos son carnosos, de forma ovoide, de unos 10 cm de largo y unos 6 cm de ancho en promedio, pudiéndose encontrar frutos mucho más grandes. Están cubiertos por una gruesa cáscara escamosa, cuyas escamas se asemejan a las escamas de un dragón chino, por lo que su nombre más conocido internacionalmente es “fruta del dragón”. Por dentro, posee una delicada, jugosa y suave pulpa, que puede ser blanca o magenta, dependiendo de la variedad. Esta pulpa, puede ser dulce si es la magenta o un poco menos dulce si es la blanca.
Las escamas son cerosas y terminan en una fina punta de color verde.
Cada fruto posee gran cantidad de pequeñas semillas duras de unos 2 a 3 mm de largo, de color negro y forma ovalada, distribuidas uniformemente en toda la pulpa. Las mismas se pueden utilizar para reproducir la pitahaya, pero su desarrollo es sumamente lento,
Las germinación de las semillas es relativamente alta y las plantitas llaman la atención porque los cotiledones, de forma lanceolada, están unidos como si fuesen uno solo, únicamente diferenciados por un leve estrechamiento en el centro (como una cintura) y en este punto central se desarrolla un punto esponjoso con unas pequeñitas espinas (una aureola) que con el tiempo va engrosando.
La mejor forma de reproducir la pitahaya es por medio de trozos de tallo, los cuales se recomienda que tengan como unos dos años de edad, y de preferencia que tengan raíces adventicias. Para evitar que se pudra el corte, se dejan secar antes de plantarlos. Ellos se pueden amarrar sobre algún árbol, colocar sobre un muro, un techo o cualquier lugar donde se desee que se desarrolle. En lugares en donde se desarrolla como cultivo, las plantan en el suelo y les colocan unos tutores para guiarlos y en la parte de arriba sobre una pequeña superficie se desarrollan como cepas.
La pitahaya se utiliza principalmente por su fruto, ya sea como fruto de mesa o en postres, jaleas y mermeladas, batidos, vinos, repostería, etc. gracias a su sabor noble que combina muy bien con otros ingredientes.
En otros países, se utilizan los tallos tiernos y las flores como verdura ya sea en guisos o en ensaladas, y los frutos como colorantes naturales y sus cáscaras se preparan como snacks. Los tallos más maduros se les dan a los animales como forraje.
En las últimas décadas, su uso se ha extendido mucho por sus beneficios medicinales, que favorecen la producción de colágeno, ayudan en el control de la presión arterial, así como por sus propiedades anticancerígenas, antioxidantes e hidratantes, por su aporte de vitamina B1, B2, B3, C y omega 3, además ayuda a una mejor absorción de hierro, y aporta muy pocas calorías.
Nicaragua es el mayor productor de pitahaya en Centroamérica y Vietnam el mayor productor del mundo.
Otros nombres con los que se conoce a la pitahaya son: belle de nuit, belle of the nigh, distelbrin, dragon fruit, dragón verde, flor de cáliz, flor de luna, fruta roja del edén, junco tapatío; pitaaya antillana, pitahalla, pitajalla, pitajaya, pitalla, pitaya, pitaya de mayo, pitaya xoconostle, pitajayas, pitires, pitires, reina de la noche y thanh long.
Etimológicamente, el género Selenicereus tiene su origen en el nombre de la diosa griega de la luna “Selene” y en el término latino “cereus” vela o antorcha, en relación a los largos tallos. Y el nombre pitahaya que significa fruta escamosa es de origen taíno.




