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Descripción de la especie
Bailarina magellanica
Nombre científico: Fuchsia magellanica
Familia: Onagraceae
Dentro del gran grupo de fuchsias, la bailarina magellanica es una de las más silvestres, ya que ella es una especie original, es decir, no es una variedad ni es un híbrido, de ahí su alta resistencia. Es nativa del sur de Argentina y Chile, en donde se le encuentra desde el nivel del mar hasta los 2000 m de elevación, por lo general entre matorrales húmedos, bordes de bosques o a orillas de corrientes de agua.
Aunque le gusta el sol, su mejor desarrollo se da a media sombra, en sitios con suelos neutros a ligeramente ácidos, ricos en materia orgánica y con buen drenaje. Soporta las condiciones saladas de las costas, el frío y los suelos arcillosos, no así los vientos fuertes, por lo que prefiere crecer al abrigo de otras especies.
La bailarina magellanica es un arbusto que puede llegar a crecer entre 1 y 3 m de alto, con tallos y ramas delgados y largas, que tienden a arquearse mucho, dándole una copa de hasta 1.5 m de ancho. Los tallos son quebradizos y están cubiertos por una corteza exfoliante, que se desprende en láminas delgadas, aunque los tallos muy viejos tendrán una corteza muy leñosa. Las ramas son muy flexibles y al secarse se hacen muy resistentes a las quebraduras; las ramitas nuevas son de un color rojizo muy llamativo.
Al tener un crecimiento muy rápido, en poco tiempo logra crear en su base una gruesa capa de materia orgánica, ideal para el desarrollo de muchas especies de plantas y de microfauna: de igual manera, al estar cerca de las corrientes de agua, las raíces que crecen dentro de ella, funcionan como una especie de red que atrapa la materia que fluye y la acumula creando una rica capa, que permite el crecimiento de microfauna acuática y algunas otras plantas.
Las hojas son simples y por lo general se presentan en verticilos, ya sea 3 o 4 por nudo, aunque no es raro encontrar hojas opuestas, unidas a largos peciolos rojizos. Son de forma lanceolada, de hasta 6 cm de largo, de color verde fuerte por encima y mucho más claras por debajo, lo que aumenta la visibilidad de las nervaduras rojizas. El borde finamente dentado con dientes rojizos y el ápice puntiagudo.
Las flores de la bailarina magellanica, presentes casi todo el año, son muy abundantes y logran darle a la copa un hermoso tono rojo en medio del follaje verde. Son flores tubulares, colgantes bicolores, que nacen en las axilas de las hojas, del último sector de las ramitas. Están formadas por pétalos azules o morados, que se mantienen casi cerrados, dejando un pequeño espacio libre de donde salen 8 largos estambres y el gineceo; los cuales reciben a los colibríes al acercarse a alimentarse con el néctar que está en el fondo de la flor y aunque atrae a las mariposas, muchas de ellas prefieren comer el néctar metiendo su aparato bucal entre los pétalos, en la parte de atrás, por lo que no polinizan la flor; de igual manera otra de sus visitantes son los abejorros, pero ellos prefieren las flores en botón y se van a la base y la rompen para robarse el néctar, por lo que tampoco colaboran con la polinización.
Lo más llamativo de estas flores es el cáliz formado por 4 sépalos delgados de unos 4 cm de largo, un poco carnosos y de color rojo brillante, con una larga punta que se curva hacia arriba al final, dándole un elegante movimiento, como el vestido de una bailarina, por lo que se le conoce como bailarina. Los botones al estar cerrados son alargados con una pequeña punta, que puede estar ligeramente curvada.
La base de la flor, que es donde está el ovario, al quedar polinizada, se engrosa y se va oscureciendo y presenta una muy ligera pubescencia, para terminar en el fruto.
Actualmente, hay más de 8000 híbridos y cultivares en este grupo de plantas, en donde la bailarina magellanica, es la principal base de ellas, por ser tan resistente. Entre todas ellas se pueden encontrar flores con pétalos rojos al igual que los estambres y el gineceo rojo con la punta blanca; o flores con sépalos blancos, pétalos lila muy claro, estambres blancos y ovario verde; otras presentan ovario rojo, pétalos blancos con la punta verde y la base rojiza, entre muchas otras. Además, son comunes las de pétalos dobles como pequeñas rosas.
Los frutos son bayas de forma elipsoidal o globosa de 1.5 cm de largo, de color negro al madurar con una delgada cáscara brillante. Son comestibles y tienen un sabor algo dulce, por lo que atraen no solo aves y algún otro tipo de fauna, sino a muchos humanos que no se resisten a tomar algunos por su sabor dulce, aunque deja un picor al final en la garganta. Estos frutos al estar muy maduros se caen con cualquier leve movimiento de las ramas, por lo que es usual ver en el suelo gran cantidad de ellos, lo que les permite a muchos seres alimentarse fácilmente. En la región de Chiloé a estos frutos los conocen como “cuchigordos”.
Cada fruto posee gran cantidad de semillas muy pequeñas, de forma oblonga y de color oscuro, las cuales le permiten a la planta reproducirse, aunque una planta reproducida por semilla, durará mucho tiempo en empezar a florecer; por lo que la forma más eficiente de reproducirla es por medio de estacas, las cuales pegan muy bien, gracias a su alta capacidad de rebrote después de las podas.
Aunque los troncos no son gruesos, poseen una madera liviana y muy resistente, por lo que es utilizada en ebanistería y carpintería como clavijas o clavos para unir piezas grandes y de los tallos más gruesos se fabrican mangos para herramientas pequeñas de mano y las ramitas son usadas como leña para prender los fuegos. En Chile se utilizan las ramas para cultivar unos hongos comestibles llamados milcaos de monte
La bailarina magellanica es una especie altamente ornamental, utilizada en aceras, balcones, cerca de cursos de agua, lagunas y fuentes de agua, jardineras, jardines grandes o pequeños, macetas grandes, parterres, setos y como planta de interiores con buena iluminación. Así como en grupos con otras planas que le den abrigo y protección contra el viento.
Los frutos de esta especie son los únicos que se pueden comer, ya sea en forma directa o procesados en mermeladas, almíbares o deshidratados como pasas. Para preparar una mermelada, se ponen los frutos bien lavados en un recipiente con azúcar, en una relación 1:1 (1 taza de frutos en 1 taza de azúcar) por unas 12 h mínimo. Luego se ponen a cocinar a fuego lento para que el azúcar se deshaga y la mezcla espese. Para conservar la mermelada más tiempo, se desinfectan unos frascos de vidrio y se rellenan con la mermelada bien caliente y se cierran muy bien, colocándolos boca abajo por unos 15 min para pasteurizarlos.
En la medicina tradicional, todas las partes de la bailarina magellanica son muy utilizadas para contrarrestar los trastornos de la menstruación y todo lo relacionado con problemas gineco-obstétricas, así como diurético, antipirético y febrífugo. Pero, se debe tener cuidado porque posee propiedades abortivas en concentraciones mayores a la recomendada.
De las ramas se obtiene un tinte para la lana. De las ramas se obtiene un tinte negro y de las hojas uno de color gris plomizo a negro, según la cantidad de material empleado.
Un dato curioso que puede ser mencionado es el hecho de que en el siglo XVIII Inglaterra se llenó de estas plantas, gracias a la pericia del botánico y jardinero James Lee quien, pasando por la casa de un marinero, observó una de estas bailarinas en una ventana y ofreció comprarla a un alto precio, lo que le permitió reproducirla y al poco tiempo, vender muchos ejemplares.
La bailarina ha influido no solo en el desarrollo de los jardines, sino que incluso en la misma industria de los colorantes, como fue en 1859, cuando se creó el colorante magenta, el que inicialmente se llamó fuchsina, en alusión al color de estas bellas flores, que en esa época estaban muy de moda, lo que ayudó a que la gente se interesara en adquirir este producto.
Actualmente, las fuchsias son una especie muy querida y cotizada, especialmente para los coleccionistas, inclusive en Seattle en Estados Unidos existe una asociación de Fucsias del Noroeste llamada Northwest Fuchsia Society, que reúne a los amantes de estas plantas y que anualmente realizan la exposición anual de fucsias en Stark, en donde presentan nuevas variedades y lo mejor de estas plantas.
Entre los muchos nombres comunes con los que se conoce a esta bailarina o fucsia, están el chilco, que es el más reconocido, y el que para los mapuches, quiere decir ‘aguachento’, por su relación con las fuentes de agua, aunque también se cree que puede ser alusión a lo carnoso y jugoso de su fruto.
Además, se conoce como: aljaba, aretito suramericano, bailarina del mapudungún, chilca, chilco, chilcón, chillcoagu, earring flower, flor de nácar, fuchsia ángel earrings, fuchsia de Magellan, fucsia, fuksja magellańska; hæk-fuksia, hardy fuchsia, hummingbird fuchsia, jazmín del papa, ladys eardrops, lágrimas coloradas de san Pedro. Magellan fuschia, mapudungun, melindres, mösbach, palo blanco de Chile, palo blanco, pendientes de la reina, scharlach-fuchsie, scharlakansfuchsia, thilco e Chile, thilco, tilca y zarcillos.
El género Fuchsia es un reconocimiento al botánico alemán Leonhart Fuchs y la especie magellanica hace referencia a uno de sus lugares de origen en el Estrecho de Magallanes en Chile, donde se identificó inicialmente.




